jueves, 10 de julio de 2014

Figuras del Cine Clásico: Teresa Wright

En el cine clásico encontramos actores que trabajaron o disfrutaron de un gran éxito durante un par de décadas al menos, pasando de papeles juveniles a adultos, por lo que el paso de los años solo le influía a la hora de cambiar de registro. Con las actrices no era lo mismo. De hecho, resulta bastante común encontrar aclamadas interpretes que sólo trabajaron durante cuando oscilaban entre los 20 y apenas los 40 años, el tiempo en que la belleza las respetó para luego abandonar el mundo del cine por la televisión, la radio o el teatro. Hay excepciones, por supuesto, pero no es tan extraño como a simple vista parece. De hecho, es algo que seguimos encontrándonos a día de hoy. Hoy os traigo uno de esos casos. No será el último.
Nacida en New Haven, Connecticut, el 27 de octubre de 1918, Teresa Wright fue una de esas actrices que el paso de los años, y el encasillamiento en sus papeles le hizo abandonar el mundo del cine definitivamente. Como otras tantas actrices, Wright estudió artes dramáticas tras ver actuar a Helen Hayes en la obra de teatro Victoria Regina, comenzando su carrera en Broadway  con una obra de Thornton Wildercon, Out Town. Poco después se fue de gira interpretando a Mary Skinner en Life with father la cual contó con un espectador de lujo, Samuel Goldwyn, co-propietario de la prestigiosa Metro Goldwyn Mayer. Este quedó prendado del talento de la joven actriz, por lo que con apenas 20 años, Teresa Wright firmaba su primer contrato en el cine. Y empezó participando en tres películas que le supuso algo nunca visto, tres nominaciones al Oscar por cada cinta. Se trataban de The Little Foxes (William Wyler, 1941), Mrs. Miniver (William Wyler, 1942) y The Pride of the Yankees (Sam Wood, 1942). Todas ellas fueron grandes éxitos de crítica y taquilla, ganando merecidamente el Oscar a Actriz de Reparto por su papel de Carol Beldon en Mrs. Miniver, quizás su mejor trabajo. Un año después, y siendo una de las actrices más relevantes del panorama, Hitchcock la escoge para que sea la protagonista de su nueva película, Shadow of a Doubt. Pero el encasillamiento de la actriz ha comenzado. Se da el caso que siempre interpreta el mismo tipo de papeles, los de una joven fuerte de carácter acompañado de un aspecto frágil y dulce, lo que supone cierta atractiva contradicción. No es la mujer por la que los hombres se vuelven locos, sino de la que se enamoran.
En 1946, el genial William Wyler, el cual la había dirigido en sus dos primeras películas, vuelve a contar con ella para un papel clave en la estupenda y galardonada The Best Years of Our Lives, donde Wright interpreta el mismo papel que os he descrito unas lineas arriba. La película fue todo un éxito de crítica y público. Alcanzó la friolera cifra de 9 Oscars, mas nuestra joven interprete no estuvo entre los nominados aquel año. Después de aquello, la carrera de Wright iría en lento declive. Los papeles cada vez eran menos interesantes, y las películas más irrelevantes. Hubo excepciónes, como Pursued (1947, Raoul Walsh), Enchantment (Irving Reis, 1948), siendo la más notable The Men (Fred Zinemann, 1950) en la que comparte cartel con un joven y primerizo actor, Marlon Brando.
En diciemre de 1948 protagonizó una pequeña polémica en su estudio debido a "diferencias de opiniones" con Samuel Goldwyn y el Studio System, que básicamente consistía en primar el cine como negocio en vez de arte.

Me gustaría aclarar que jamás he rechazado los papeles que me han ofrecido a placer; sino porque mi salud me lo ha impedido. Acepto el cese de mi contrato por parte del señor Golwyn sin protesta alguna. De hecho, lo hago con alivio. El tipo de contrato estandarizado en la industria del cine entre actores y productores me resulta arcaico en forma, y absurdo en concepto. Estoy determinada a no ofrecer mi nombre nunca más a este tipo de cine... He trabajo para el señor Golwyn durante siete años porque consideraba que era un gran productor, y he sido bien retribuida por ello, pero en el futuro estaría encantada de trabajar por menos si haciéndolo, puedo mantener cierto dominio sobre la decencia y sentido común, sin que el mejor trabajo del mundo me resulte intolerable.
Mujer de carácter y principios, dentro y fuera de la pantalla.
En 1960 conseguiría dos estrellas en el paseo de la fama, una por el cine, y otra por la televisión.
Casada en dos ocasiones, se retiró tras su última película en la gran pantalla, The Rainmaker (Francis Ford Coppola, 1997). Falleció el 6 de marzo de 2005.

Aquí os dejo una gran escena de la cinta Mrs. Miniver. (Perdonad la calidad):


@solocineclasico

lunes, 7 de julio de 2014

Películas - Años 40: Carta a tres esposas (1949)


A LETTER TO THREE WIVES (4/10)


Me marcho de la ciudad con el marido de una de vosotras.

A diferencia del cine actual, existe una unanimidad no oficial sobre el cine clásico. Esto es bueno porque X afamados y respetados críticos del mundo entero dicen que es bueno. Esto es malo porque... igual. Además luego está el público, nosotros. No sólo porque lo digan los "especialistas", sino porque nosotros también las vemos así. Pero ¿qué hacer cuando nuestra opinión no coincide con la generalizada?, ¿cuándo no vemos lo que los demás vemos? Algo de frustración, enojo, incomprensión porque sentimos que nos hemos perdido algo. En mi caso trato de revisionar la cinta en busca de lo que separa una obra maestra de una cinta regular e incluso mala. Y os aseguro que no hubo manera. Carta a tres esposas fue una total y absoluta decepción.
Partiendo de una premisa la mar de interesante, la cinta se desinfla minuto a minuto en un trabajo poco propio de un maestro como Joseph L. Makiewicz.
Tres mujeres de un ciudad residencial cualquiera de EEUU reciben la carta de una cuarta "amiga" en la que les anuncia que deja la ciudad y que además se va acompañada del marido de una de ellas. A continuación somos testigos de tres aburridos flashbacks sobre la relación de estas con sus esposos y el vínculo de la cuarta, Addie Ross
El trato de este último personaje es quizás lo más interesante de la cinta, ya que nunca la vemos, sólo oímos hablar de ella. De manera omnipresente, recuerda a la famosa Rebecca de la obra homónima de Hitchcock aunque sin la fuerza y carácter que los personajes plasmaban en la atmósfera. Todos los personajes masculinos de la cinta se ven irremediablemente atraídos por esta invisible femme fatale que despierta las envidias e inseguridades de las esposas.

(Linda Darnell, Ann Sothern, Jeanne Crain)

Y es que el principal motivo de mi desencanto con esta cinta es el desarrollo de los flashbacks. Lentos, aburridos e innecesarios en muchos sentidos. Plasmando una realidad que ha envejecido mal pero que servirían como interesante documento histórico sino fuera por su mal desarrollo. Una enfermera del ejército que se casa y traslada a la ciudad del marido para conocer a amigos de este; otra que escribe relatos para la radio y que trata de impresionar a sus jefes durante una cena; y la tercera que trata de cazar a su jefe, más mayor que ella a través de la conocida estratagema de calientepo****. En serio, ¿qué me estáis contando?, ¿qué mayor importancia tiene con la historia original? La relación de todo esto con el personaje de Addie Ross está metida con calzador. Desconozco si esto se deberá a las diferencia con la novela original, escrita por John Klemper, y en la que eran cinco las mujeres implicadas en la misma, pero lo que no acabo de comprender en lo sobrevalorado de una cinta que hace aguas por casi todos lados.
Destaco tanto al personaje de Kirk Douglas, como al mismo actor, cuando aún era un secundario relativamente conocido. Curiosamente, Douglas protagonizaría años después una cinta superior con estructura similar, Cautivos del Mal.
Una cinta que todo aficionado del cine clásico debería ver ya que seguramente pocos coincidirán con mi visión, (además de que jamás recomendaría no ver una cinta clásico) pero que os pediría que visionarais con con todos los sentidos puestos en la pantalla.


@solocineclasico

sábado, 5 de julio de 2014

Películas - Años 40: El fantasma y la señora Muir (1947)


THE GHOST AND MRS. MUIR (7,5/10)


-A veces te sientes más solo cuando estás con otras personas que cuando estás solo de verdad.

Resulta siempre curioso revisionar los trabajos de un autor o autora posteriores a su gran éxito y encontrarnos en lo que podríamos denominar su "fase de aprendizaje". Y más aún encontrar trabajos tan originales como interesantes. Si bien me atrevo a afirmar que la obra maestra, y mejor película de la filmografía de Joseph L. Mankiewicz es Eva al Desnudo, antes de dicho proyecto firmó otras cintas aplaudidas por la crítica como Carta a tres esposas, y El fantasma y la señora Muir. Y aunque Mankiewicz tenía una gran experiencia como guionista y productor, como director era poco menos que un novato. Aunque un novato bien dotado debido a las enseñanzas de uno de los más grandes, Ernst Lubitsch, y el apoyo de una gran productora como la Fox, la cual apostó por él, siendo, sin duda alguna, una de sus mejores apuestas.
El fantasma y la señora Muir (esclarecedor título donde los haya) nos lleva hasta el Londres de principios del siglo XX en el que una joven viuda, Mrs Muir, (Gene Tierney) se marcha junto a su hija de cinco años (Natalie Wood) y su criada (Edna Best) a una acogedora casa junto al mar para vivir en paz y de manera independiente el resto de sus días. Mas poca tranquilidad encontrará en su nuevo hogar al descubrir que este está habitado por el fantasma del anterior dueño de la casa, un viejo lobo de mar, el capitán Daniel Gregg (Rex Harrison). Armada de una gran paciencia y valor, la señora Muir conseguirá apaciguar al fantasma e incluso entablar una relación de amistad que irá más allá del cariño. Llegando al punto de que cuando Mrs Muir descubra que ya no puede contar con las rentas de su marido, el fantasma decida legarle los derechos de autor de su autobiografía, la cual escribirán juntos. El vínculo se hará cada vez más fuerte hasta que entre en escena Miles Fairley (George Sanders), un carismático autor de quien la joven viuda irá enamorándose perdidamente provocando los celos del fantasma.
Nos encontramos ante una historia que da paso a distintos géneros según el momento de la misma. Arrancamos con una cinta de terror más que creíble gracias a la genial fotografía de Charles Lang, a la que sigue una comedia ligera, que termina convirtiéndose en un drama romántico de tono fantástico. Esto sin duda puede llegar a confundir al espectador, aunque sea el principal atractivo de la cinta, ya que no mezcla en ningún momento los géneros, sino que deja que estos se reemplacen ordenadamente impidiendo que vuelvan a entrar en escena. Aunque, eso si, todos ellos van acompañados del mismo tema central, la soledad. La soledad como muestra de independencia. ¿Hay mayor muestra de independencia que demostrar a los demás y a ti mismo que eres capaz de valerte por ti mismo? Estar solo con la que persona a la que quieres y nada más. Eso es lo que desea la señora Muir, dejar de depender de nadie más que de si misma (lo cual supone una contradicción que ahora comentaremos). Toda su vida ha dependido de su familia, su marido, y ahora la familia de su marido. Lo que ella desea es tiempo para ella y para su hija, apartarse de todo lo que conoce y tranquilidad para hacer algo por si misma. Y esto podría ser más que suficiente... pero no. Va a intentar valerse por si misma, hacer las cosas por si misma, pero con criada. Dominará y tratará de tú a tú al fantasma durante un tiempo, pero en cuanto empiece a enamorarse de él, adquirirá un comportamiento parecido al que tenía con su marido, siendo curioso que las respuestas de Gene Tierney durante dicha parte no pases de "Sí, Daniel". 
Por otro lado está el tema del amor que podemos dejar como tema central de la segunda y tercera parte. Mrs Muir está enamorada de dos hombres, un fantasma y un "fantasmón". Uno le ofrecerá un amor pasional y espiritual que no puede ir más allá, mientras que el segundo le ofrece amor carnal. Los dos son válidos, pero ¿cuál podrá prevalecer?
El reparto está encabezado por Gene Tierney en uno de los mejores papeles de su filmografía junto a Que el cielo la juzgue y El filo de la navaja., y es que una película con el nombre de esta preciosa actriz en sinónimo de garantía. Seguida por Rex Harrison en un personaje que encarna a la perfección con sus movimientos, su manera de hablar, y especialmente su manera de hablar. Más curioso es el caso George Sanders, el cual da vida a un personaje que no deja de recordar al que interpretaría unos pocos años más tarde en Eva al desnudo. Como curiosidad apuntar al personaje de la hija de Mrs. Muir, interpretado por una jovencísima Natalie Wood, la cual pasa casi desapercibida.
Los otros dos grandes baluartes de la cinta (sin contar con la correcta dirección de Mankiewicz) son la fotografía de Charles Lang, el cual fue nominado al Oscar por su trabajo; y la banda sonora de Bernard Herrmann acompañada (en exceso quizás) del famoso Adagio para cuerdas de Samuel Barber.
Aunque hoy en día no sea tan conocida o recordada, es considera por muchos críticos expertos en la materia como una obra maestra, llegando a compararla con películas como Vértigo. Es una cinta muy dirigida, tanto técnica como artísticamente. Una película de obligado visionado si te gusta el buen cine, aunque visto desde un plano diferente. Como decía el crítico y director de cine José Luis Garci, "no es una película de fantasmas, es una película con fantasmas" es quizás el mejor modo de explicar la grandeza de una película engrandecida en exceso, que ciertamente aportó mucho a los tres géneros que toca, pero que al menos yo jamás consideraría de obra maestra, ni podría comparar con otras auténticas joyas del cine clásico, que afortunadamente, son muchísimas.

Os dejo con uno de los hermosos temas que Bernard Herrmann compuso para esta obra:

@solocineclasico

jueves, 3 de julio de 2014

Películas - Años 60: El día más largo (1962)


THE LONGEST DAY (7,5/10)



Podemos encontrar tres tipos de películas bélicas: 1-La anti-bélica y crítica por naturaleza (Senderos de Gloria o Sin Novedad en el Frente); 2-Las que buscan impresionar al espectador con sus efectos especiales; 3-Y las que buscan mostrar el mayor realismo posible con tintes casi documental una acción, como podría ser perfectamente "El día más largo". Y es que esta cinta es uno de los mejores trabajos jamás realizados sobre la operación "Overlord" (desembarco -aéreo y naval- y batalla de Normandía), sin contar con otros documentales o películas como Saving Private Ryan (Steven Spielberg, 1998), aunque esta última solo trate parte del desembargo en la playa de Omaha durante sus primeros 20 minutos.
Basada en la obra homónima de Cornelius Ryan (también autor de Un puente demasiado lejano), El día más largo cuenta a lo largo de tres horas los principales detalles de lo que supuso el mayor y más ambicioso desembarco anfibio de la historia el 6 de junio de 1944 en la costa de Normandía (Francia), durante la Segunda Guerra Mundial. Para ello, ha de mostrar todo lo relacionado con dicha operación desde ambos bandos. Tanto los preparativos del ataque por parte de los aliados, como la defensa por parte de las fuerzas del Eje. Y aquí es donde reside el valor de la cinta, ya que no trata en momento alguno de mostrar buenos y malos, sino atacantes y defensores. Una batalla entre dos ejércitos del que sólo uno puede salir victorioso. Para dicha tarea se contrataron a veteranos que participaron en dicha acción y que hicieron las funciones de asesores. Algunos de ellos fueron los generales Günther Blumentritt, Max Pemsel y James M. Gavin; el oficial de la resistencia francesa, Philippe Kieffer; el mayor británico John Howard que conquistó el Puente Pegasus (el cual aparece con gran realimo en el primer videojuego de la saga Call of Duty); o Werner Pluskat, primer oficial alemán que vió el desembarco en las playas.

Queda claro que para narrar semejante épica hacía falta una serie de actores de nivel, aunque todos ellos de reparto, ya que debido al extenso número de historias que narra la cinta y su carácter coral, resulta imposible destacar a un solo actor protagonista, así que al menos hacían falta unos pocos que diesen "renombre" al proyecto. De tal manera que dichos actores serían: John Wayne (Charlton Heston estuvo a punto de hacerse con su papel), Robert Mitchum (en mi opinión el auténtico protagonista), y Henry Fonda (cuya participación me pareció irrelevante a pesar de mi admiración por el actor). Otros de los actores conocidos que participaron en la película fueron Richard Burton, Sean Connery, Paul Anka, Robert Wagner, Mel Ferrer, Gert Fröbe o Roddy McDowall.
Pero, ¿y la dirección? Aquí es donde quizás surja el mayor problema de la película, aunque se trata de una decisión respetable, ante la imposibilidad de contar con un director que manejase todo el proyecto, el gran número de localizaciones, y el extenso reparto, se optó por contrató cuatro directores, todos ellos supervisados por el visionario y legendario productor de la Twenty Century Fox, Darryl F. Zanuck. Ken Annakin para los exteriores birtánicos, Andrew Marton para los americanos, Gerd Oswald para las escenas de los paracaidistas y a Bernhard Wicki (director de la aclamada Die Brücke, 1959) para las escenas con alemanes. Y he aquí quizás lo que hace esta película un documento casi único del género bélico durante el cine clásico: todos los actores hablan en su idioma original. La Fox optó por añadir subtítulos a alemanes y franceses de manera que primase el realismo y que estos no sonasen con un acento forzado como en la mayoría de producciones de la época. Me quito el sombrero ante semejante decisión.

Aunque lo que diferencia esta cinta de otros muchos largometrajes bélicos es sin duda la novedad de narrar con gran minuciosidad los detalles principales de la operación. No nos encontramos ante una cinta que sólo se centra en el desembarco por mar o por aire, o en la trama de espionaje, o en la defensa alemana, o en las batallas, o en el drama de los soldados, no. Toca absolutamente todos los palos como si de un documental se tratase convirtiéndola en una cinta multigénero.
Semejante proyecto legó a la historia del cine un sin de anécdotas y curiosidades, siendo quizás las más conocidas la del día de rodaje en la playa de Omaha en la que los soldados americanos no querían saltar al agua debido a que estaba extremadamente fría, por lo que Robert Mitchum tuvo que aleccionarles saltando primero, lo que obligó al resto a seguirle; y que el ex-general y presidente de los EEUU, Dwight D. Eisenhower aceptó interpretarse a sí mismo, aunque la imposibilidad de caracterizarle casi 20 años más joven desechó la idea. Otras curiosidades fueron que el actor Richard Todd, quien interpreta al líder de la brigada aerotransportada británica que tomó el Puente Pegaso, participó realmente en dicha operación; Curd Jürgens, quien interpreta al General alemán Blumentritt, fue realmente encarcelado durante su juventud por los nazis; el mítico Christopher Lee hizo la prueba para uno de los papeles y fue rechazado ya que no daba el perfil de militar, aunque en realidad sirvió en la Royal Air Force; además se trató de la película filmada en blanco y negro más cara de la historia hasta La Lista de Schindler en 1993.
La película se presentó en Francia, en septiembre de 1962, siendo un éxito. Logró 5 nominaciones para los Oscar: Mejor Película, Dirección Artística, Edición, Fotografía y Efectos Especiales, ganando estos dos últimos.



@solocineclasico

domingo, 15 de junio de 2014

Películas - Años 20: El Último (1924)


DER LETZTE MANN (9/10)

Considerada por muchos críticos como la segunda mejor película de la historia, mucho se ha dicho y escrito sobre esta importantísima cinta del expresionismo alemán. Mi intención no será otra, además de dar mi propia opinión sobre la misma, que la de acercaros a esta obra maestra de obligado visionado por todo aquel aficionado al cine, y para ello hemos de hablar principalmente de su director, F. W. Murnau.
Por aquel entonces, el director alemán estaba disfrutando de su gran apogeo en Europa. Los éxitos cosechados por sus últimas películas (Nosferatu y El nuevo Fantomas entre otras) le permitieron apostar por un proyecto revolucionario con el apoyo de la U.F.A. (Universum Film AG), la gran productora de cine alemana. Para ello además contó con tres nombres capitales del cine alemán de los años 20: Emil Jannings (la gran estrella de cine del momento), Carl Mayer (posiblemente el mejor guionista de la década de los 20), y Karl Freund (director de fotografía que revolucionó la historia del cine con su trabajo).
La historia nos lleva a la entrada de un lujoso hotel en cualquier ciudad del mundo occidental. En ella nos encontramos al portero (Emil Jannings), un robusto y respetado hombre que no solo carga con las maletas de los clientes, sino que es el nexo de unión entre la entrada y salida de dos mundos muy diferentes. Los huéspedes le admiran, los trabajadores le idolatran, pero una vez en su barrio de clase media-baja, allí se convierte en un Dios. Saluda a todo el mundo portando aún su uniforme de portero de corte militar y siendo saludado (por no decir venerado) por la vecindad. Su orgullosa sobrina está a punto de casarse y habrá una celebración por todo lo alto. Mas el día de la boda por la mañana, cuando nuestro protagonista marcha hacia su trabajo, se encuentra que debido a su edad ha sido sustituido por un hombre mucho más joven y fuerte, mientras que a él le destinan al baño de hombres para trabajar como mozo. Toda una vida de orgullo y respeto se marcha por la taza del water que ha de dejar impoluta cada vez que es usada. El hombre, desmoralizado, decide ocultar la verdad a su sobrina por lo que vuelve a casa con el uniforme, el cual deja en una taquilla de la estación de tren antes de entrar, y vuelve a recoger al salir.
A diferencia de otros films que narran los pormenores de la vejez y el trato que reciben en ocasiones los ancianos por parte de sus familiares como en Cuentos de Tokio o Dejad paso al mañana, El Último se centra más en la dolorosa transición laboral de ser el primero a ser el último, o no ser nadie. El portero nunca fue nada salvo por su trabajo. No tiene nombre, solo el sobrenombre en los créditos finales de Hotelportier. Es toda una autoridad allá por donde va, pero únicamente por su uniforme. Como si de un superhéroe se tratase que sin este nada puede. Y, ¿por qué tanta fijación por la apariencia en vez de centrarse algo más en el drama mismo? Para captar lo que era una realidad en la Alemania de la post-guerra. Un país en el que muchos hombres habían vivido siempre tras un uniforme lleno de medallas, y que sin él se encontraron desnudos, al igual que nuestro protagonista. El toque marcial del mismo, el saludo militar que hace a todo aquel que se cruza con él, son guiños a dicha realidad. Al igual que los vecinos, los cuales siempre saludan con respeto al portero, los que dejan sus tareas ante el paso de este, y que una vez que descubren la verdad, disfrutan de la humillación de este. Porque finalmente se descubre la verdad. 
El portero ya no es "El Portero", solo un hombre más. Un hombre viejo y destruido. Nada. Junto a las risas de los vecinos, encontrará el rechazo de su propia familia al haberse convertido en una humillante carga. Únicamente encontrará piedad en el vigilante nocturno del hotel, el cual le acompaña al baño del mismo donde se arroja sabiendo que es su final. Piedad del vigilante, y del propio guionista, Carl Mayer, quien sabiendo que su personaje no merece dicho final, nos muestra una nota aclaratoria en la que decide dar un giro más digno y feliz a la vida del portero aunque siempre especificando que es algo que hace porque esto solo puede ocurrir en la ficción, jamás en la realidad. Como burlándose de aquella conocida cita bíblica en la que se afirma que los primeros serán los últimos, y los últimos serán los primeros. Sencillamente brillante. Y atención porque este será el único "intertítulo" que encontrareis a lo largo de la película. Murnau nunca fue amigo de los diálogos, por lo que decide mostrar de la manera más natural posible, regalándonos seguramente la más brillante muestra cinematográfica del movimiento alemán de Kammerspiel, inventado por Max Reinhardt, y que tanto influyó en la dirección de actores del cine alemán.
Pero la que característica más representativa de todo el film se encuentra en el apartado técnico, bajo la dirección fotográfica de Karl Freund, quién decidió innovar de una manera revolucionaria al dotar de movimiento a la cámara. En lo que más tarde se conocería como el movimiento del entfesslte Kamera (cámara sin cadenas), Freund apuesta por mover la cámara para dotar de mayor realismo a la acción que se nos narra y que el espectador se sienta parte de la escena misma. Para ello Freund llegó a atarse la cámara a su pecho mientras montaba en bicicleta por el plató. Otra técnica fue la de atar la cámara a un cable y arrojarlo desde una ventana para que cruzase la calle hasta la entrada del hotel, luego, en la sala de montaje, se invertía la escena de manera que parezca que es la cámara la que asciende.
Hay motivos de sobra para considerar esta gran película como la segunda mejor película de la historia. Sin duda me parece una afirmación en exceso atrevido, y el gusto de cada uno tendrá una importancia capital a la hora de corroborarlo, pero si de lo que trata el debate, es sobre la importancia de la cinta, si que podríamos casi asegurar que solo un par de películas en la historia del cine, o al menos en sus orígenes, han tenido una mayor relevancia que Der Letzte Mann.
Podéis ver la película online aquí:
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miércoles, 11 de junio de 2014

Películas - Años 30: Dejad paso al mañana (1937)


MAKE WAY FOR TOMORROW (9/10)

-Cuando se tienen 17 años uno piensa en divertirse. Cuando tienes 70, la máxima diversión consiste en fingir que no te importa enfrentarte a los hechos... ¿te importaría que siguiera fingiendo?

Dependiendo del género cinematográfico del que hablemos nos vendrán a la mente algunas u otras películas que definen a la perfección las premisas de esta. Y he aquí que nos encontramos con un subgénero poco frecuente en el mundo del cine, seguramente por lo atrevido y complicado del mismo. Dentro de la rama del drama, estaría junto a familiar, con la palabra clave vejez. En 2012, el director austriaco Michael Haneke nos regaló Amour con la que triunfó por el mundo entero. Ya, si retrocedemos un poco encontramos otro caso similar. En concreto la obra maestra de Yasujiru Ozu, Cuentos de Tokio. Y no podía una película aún más anterior a estas, Dejad paso al mañana. Posiblemente la más dura y dulce de todas ellas.
La historia arranca con una reunión familiar. Un anciano matrimonio que informa a sus hijos de que están en bancarrota y que el banco se va a quedar con su casa, por lo que necesitan ayuda. La única solución es que cada uno de los hijos se quede con uno de los padres, separándolos por primera vez desde que están juntos. El trato que recibirán de sus hijos no será el más adecuado, viendo en ellos siempre más un incordio constante que un familiar. El padre se pondrá enfermo y deberá trasladarse con otro de sus hijos a California, separándose aún más de su mujer, con la que se verá por "última" vez en NY antes de partir
Lo primero que me llamó la atención de esta película es que esté dirigida por un hombre de comedia como Leo McCarey, incluyendo en mi opinión la mejor películas de los Marx, Sopa de Ganso, y que triunfó en 1944 ganando 7 Oscars con Going my Way, además de ser el descubridor de Laurel y Hardy. Un hombre con un gran talento, sí, que lo pone a disposición de este imprescindible film en el que nos habla no solo de la vejez per se, sino que desglosa lo que ello conlleva: amor y desprecio; aceptación y rechazo; estupidez y sabiduría; experiencia e inexperiencia; comodidad y sacrificio... toda una lección de lo que es la vida a través de la pareja de ancianos más entrañables de la historia del cine. Un hombre y una mujer, que a pesar de su edad siguen perdidamente enamorados el uno del otro. Que sufren por la distancia impuesta por sus hijos. Que se emocionan como críos por una llamada telefónica o una carta por parte del otro. Dos seres humanos a los que la justicia debería obligar a vivir juntos para aportar un poco de felicidad y ejemplo a un mundo cruel.
En la película somos testigos de un gran número de escenas inolvidables, portadoras de una pequeña lección: la llamada de teléfono de la madre, presenciada por un grupo de personas que se sentían incómodos con su presencia y que al oír la dulce conversación de esta no pueden evitar compadecerse de ella por no estar junto a la persona a la que ama; la de la carta que el tendero no terminar de leer al padre (debido a que este no tiene las gafas con él) por ser demasiado hermosa y personal; la escena del baile; el dramático a la parte que hermoso final en la estación; y por supuesto, la más curiosa y genial de toda la cinta, la escena del "no beso", un momento en el que anciano matrimonio está a punto de besarse y en el que de espaldas, la mujer mira a cámara un momento y frena el beso al ser algo demasiado personal y hermoso como para compartir con el público:

Y he aquí otro dato que podrá sorprender a más de uno, la pareja protagonista no era tan mayor como reflejaban sus personajes. Beulah Bondi, la madre por excelencia a finales de los años 30 y durante los cuarenta contaba por aquel entonces con 49 años, mientras que Victor Moore, rondaba la cincuentena. Toda una curiosidad que en mi caso no hace más que incrementar mi admiración por estos dos actores, algo olvidados, pero que en el caso al menos de ella, supone un capítulo a parte en la historia del cine clásico.
@solocineclasico

viernes, 6 de junio de 2014

Películas - Años 40: Los Ángeles Perdidos (1948)


THE SEARCH (7,5/10)


-¿Dónde está mi madre?, ¿dónde está mi madre? Yo sé que la tenía. ¿Dónde está?

Tras la presentación de la nueva película de Michel Hazanavicius en el prestigioso festival de Cannes, The Search, no pude sino acordarme del homónimo film original del que parte la premisa de lo último del director de The Artist. Y es que Los Ángeles Pérdidos no es una cinta excesivamente conocida. Cuando busquemos películas de Fred Zinnemann o Montgomery Clift, no la veremos entre las primeras (a pesar de ser el debut del segundo), y por eso hoy voy a hablaros de ella.
La acción tiene lugar en Alemania tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Miles y miles de niños (la mayoría huérfanos a causa del conflicto) andan perdidos por todo el continente tratando de sobrevivir lo mejor que pueden. Las fuerzas de ocupación intentan rescatar al mayor número posible para darles una nueva oportunidad y devolverles la humanidad que les ha sido despojado durante guerra. Es la historia de un niño en concreto. Un introvertido niño de nueve años que ha sobrevivido al terrible campo de concentración de Auschwitz y que no recuerda nada de su vida anterior. Tras fugarse junto a un compañero, conocerá a Ralph "Steve" Stevenson, un carismático ingeniero de puentes del ejército que lo acogerá en su hogar, le enseñará su idioma, y que tratará de adoptarlo al pensar que la madre del niño ha muerto durante la guerra. Mas nada más lejos de la verdad, ya que la madre sigue viva, recorriendo todos los campos y centros de acogidas en busca de su hijo.
Este es el trágico, a la par que interesante argumento de la película. Una película que no parece en absoluto una cinta de corte americano. Tanto la temática, el toque semi-documental y el rodaje en auténtico exteriores con actores no profesionales, la acerca más a lo que sería el neorrealismo europeo que el cine norteamericano. Rodada en ciudades destruidas por la guerra como Nuremberg, Würzburg o Ingolstadt gracias al permiso del ejército norteamericano, esta película tiene más similitudes al cine de Rossellini o de Sica que al de cualquier otro director estadounidense, y esa quizás sea otras de las razones por las que hoy no es tan recordada. Solía ocurrir (ya no tanto) que el cine norteamericano que trataba de emular al europeo fracasaba o era ciertamente incomprendido. Esta cinta no es una excepción, aunque sería atrevido en exceso hablar de fracaso. Sencillamente, Fred Zinnemann, director austriaco afincado en EEUU desde hacía casi 20 años fue fiel a su estilo, realismo por encima de todo, y predilección por el detalle. Esta técnica le daría muchas alegría en cintas futuras como en Sólo ante el peligro o De aquí a la eternidad.
El reparto es también digno de mención, empezando por el pequeño Ivan Jandl, quien ganaría un Oscar especial por su trabajo en esta película, y quien es el epicentro de toda la historia. El jovencísimo actor checo da vida al niño perdido al que Steve apodará cariñosamente como Jim, y que muestra con gran realismo la cara de muchos niños sin hogar ni familia tras la guerra. Jarmila Novotná, celebre actriz y soprano checa interpreta a la madre de "Jim", a quien busca incansablemente por toda Europa, en el mejor trabajo de su carrera. Y por supuesto, a un jovencísimo Montgomery Clift, algo alejado de los papeles de chico rebelde e introvertido a los que no tiene acostumbrados, debido en gran parte a ser uno de sus primeros papeles. Era en 1948 cuando debuta en el cine. Red River, de Howard Hawks y The Search eran sus primeras películas, aunque ya demuestra sus dotes de gran actor, consiguiendo una nominación al Oscar como Mejor Actor por la película que nos atañe hoy.
Lo mejor de la cinta, junto al reparto que acabamos de comentar, es el realismo del que está impregnada gracias a la magnífica labor de dirección de Zinnemann; la historia, escrita por Richard Schweizer y David Wechsler, los cuales ganaría el Oscar por su trabajo; y finalmente, el trabajo de los niños, y esos pequeños detalles que sorprenderán a todos como el porque no quieren subir a las ambulancias.
Un documento único de la guerra. Una cinta bélica sin batallas, y que no las necesita. La destrucción también se lleva por dentro.
Aquí podéis ver la película online:


@solocineclasico

jueves, 22 de mayo de 2014

Películas - Años 40: Los Mejores Años de Nuestras Vidas (1946)


THE BEST YEARS OF OUR LIVES (10/10)

-Reconozco el mérito de la Marina. Le enseñaron bien a ese chico usar esos ganchos.
-Pero no pudieron enseñarle a abrazar a su novia, ni acariciarle el pelo.

1946.
Hace un año que la guerra ha terminado y el mundo trata de adaptarse. Algunos lo tienen más difícil que otros. EEUU es el claro vencedor en muchos sentidos ya que no tiene que reconstruirse a nivel de infraestructuras (obviando planes de ayuda a Europa como el plan Marshall), pero si tiene una gran tarea pendiente en otros campos, como la adaptación de los veteranos de guerra a la sociedad, y la economía. El pueblo americano los recibe en un principio como héroes, pero el trato que reciben en algunos aspectos empieza a hacer recelar a la gente. Algunos se ven incapaces de encontrar trabajo, otros de reintegrase en la sociedad. No sólo hay heridas externas, también las hay internas. Algo conocido en todas las guerras anteriores, y con un claro precedente de la Gran Guerra. No era un tema agradable, ni un tema del que se quisiera hablar o mostrar en pantalla. Los años de cine bélico con fines propagandístico habían terminado, los años del cine bélico con fines patrióticos comenzaban. Y en medio se encuentra esta joya de la filmografía de William Wyler.
El afamado había dirigido únicamente dos películas en los últimos cinco años, La Loba y Mrs. Miniver. Esto se debía principalmente a su tarea filmando documentales de guerra, entre los que destaca el del Memphis Belle. El director también se reintegraba en la sociedad, parcialmente sordo por las explosiones que había sufrido en los distintos aviones de combate en los que había vivido, y con miles de historias de jóvenes soldados en la cabeza, decide adaptar junto al guionista Robert Sherwood la novela de MacKinlay Kantor Glory for Me, la cual era en realidad un encargo de Samuel Goldwyn al autor sobre la adaptación de los veteranos en la sociedad. Wyler ve la oportunidad de expresar lo que siente y dar voz a miles y miles de hombres y mujeres que no pueden hacerlo por si mismos.
La historia arranca cuando tres veteranos se conocen en un avión camino a casa tras la guerra. El condecorado capitán de aviación Fred Derry (Dana Andrews), el sargento de infantería Al Stephenson (Frederich March), y el marinero Homer Parish (Harold Russell), quien ha perdido ambas durante una explosión en su barco. Traban amistad y prometen reunirse en un bar algún día de estos. Todos tienen planes para su regreso, aunque le asusta el que el momento haya llegado y tengan que empezar a llevarlos a cabo. Tienen miedo de lo mucho que pueden haber cambiado las cosas tras la guerra y de como les va a afectar. Fred vuelve con su mujer, la cual espera que le de una buena vida como cuando estaba en el ejército; Al regresa a su antiguo trabajo (un banco) como responsable de los créditos para veteranos de guerra; y Homer junto a su familia y su novia con la que planeaba casarse... pero todo es más complicado de lo que parece: Fred no encuentra trabajo por ningún lado por lo que ha de aceptar su empleo anterior de encargado de mostrador en unos grandes almacenes, además de enamorarse de la hija de Al (Teresa Wright); este último ve de manera distinta la política del banco sobre los créditos a los veteranos; y Homer da largas a su novia al no querer que ella tenga que cargar con él el resto de su vida. 
La historia permite analizar los puntos claves de la adaptación de los veteranos como las oportunidades laborales, el trato recibido por la sociedad, o el día a día con sus familias y seres queridos. En el caso de Fred, nos encontramos ante una persona sin estudios, la cual trabajaba anteriormente en una tienda de helados y que cinco años de experiencia de combate, un gran número de condecoraciones al valor, y la gradución de capitán, no sirven de nada para buscar un empleo. Vemos el rechazo de otros trabajadores al verle debido que al ser veterano posiblemente va a recibir un trato de favor. También protagoniza junto a Homer, una de las escenas claves de la película, y es la de la discusión con el americano patriota de derechas que se compadece del marinero por haber perdido las manos por nada, ya que no tuvo sentido alguno de que EEUU entrase en la guerra. Y por último, el miedo de Homer por dar una vida desgraciada a su novia por su discapacidad, y el de Fred ante la imposibilidad de dar una buena vida a la hija de Al, Peggy, son también un claro reflejo de muchas historias de soldados que volvían con sus novias o esposas y que sentían como habían cambiado demasiado como para que todo fuera como antes. Aunque son tanto Al como su esposa los que dan la clave en una escena mítica:
-Nunca habéis tenido ni el menor problema. ¿Cómo vais a entender lo que pasa entre Fred y yo?
-¿Crees que nunca tuvimos problemas?, ¿cuántas veces te he dicho que te odiaba y que estaba convencida de ello?, ¿cuántas veces me has dicho que estabas harto de mi y que todo había terminado entre nosotros?, ¿cuántas veces tuvimos que enamorarnos de nuevo desde el comienzo?
La película fue todo un éxito, tanto de taquilla (recaudando 10 veces lo que costó), como de crítica. Arrasó en los Oscar de 1947 alzándose con Mejor Película, Mejor Director, Mejor Actor (Frederich Marsh), Mejor Actor de Reparto (Harold Russell), Mejor Guión, Mejor Montaje, Mejor Banda Sonora, además de un Oscar Honorífico para Harold Russell, el mismo año de Enrique V, Que bello es vivir, Breve Encuentro y El filo de la navaja.
Wyler volvió a reunir a un espectacular reparto (algo muy común en su filmografía), llevando a cabo una magnífica dirección de actores, especialmente con el personaje de Dana Andrews quien en cierto modo (aunque salvando las distancias) es casi un alter ego del propio director por su experiencia en combate con aviones y bombarderos. La escena del cementerio de aviones lo dice todo. Frederich Marsh interpreta el papel de su vida, al igual que Harold Russell, mutilado de guerra quien llamó la atención de Wyler con una película documental que realizó sobre la adaptación de los veteranos de guerra, quien además se convirtió en la primera (y única a día de hoy) en conseguir dos Oscars por el mismo papel. Y por supuesto, no podía faltar la hermosa y talentosa Teresa Wright, quien ya había trabajado en las dos películas anteriores de Wyler, siendo nominada al Oscar por ambas, las cuales eran sus dos primeras películas.
Para terminar, hacer mención especial a la fotografía de la cinta. Wyler se empeñó en rodar en localizaciones auténticas en vez de en decorados, lo que aporta un mayor realismo a la cinta. El trabajo de Gregg Toland en digno de encomio. Especialmente brillante es la escena en la que Al está con Homer junto a un piano, y en la esquina superior izquierda Fred realiza una dolorosa llamada telefónica. Una contraposición perfecta de felicidad y tristeza en una misma escena. Una obra maestra de ¿quién sino? William Wyler.


@solocineclasico

lunes, 19 de mayo de 2014

Películas - Años 40: El Bazar de las Sorpresas (1940)


THE SHOP AROUND THE CORNER (7,5/10)

No es mi intención llevar a cabo un especial de Lubitsch, aunque si lo hiciera podría reventar perfectamente el servidor de este blog, y como mínimo me iba a reír un rato. No. Pero ha dado la casualidad que en las últimas semanas he tenido la oportunidad de revisionar o ver por primera vez algunas de las "mejores" cintas del director alemán, y El bazar de las sorpresas no podía faltar. Y sin embargo, creo que estamos ante una de sus comedias románticas más sobrevaloradas. Viniendo de otro director podría sorprendernos. Viniendo de Lubitsch, poco. Y es que la película ha envejecido mal. Las nuevas generaciones recordarán al instante la cinta de Tom Hanks y Meg Ryan, Tienes un email, la cual no es más que un remake, sin embargo, donde en otras cintas vemos la brillantez de los diálogos de Lubitsch y los continuos enredos y divertidos malentendidos, aquí nos encontramos con dos historias entrecruzadas y que hasta cierto punto parecen forzadas.
Por un lado tenemos al señor Kralik (James Stewart), el mejor vendedor de una tienda de regalos en Budapest, Hungría, el cual se cartea con una joven desconocida de la cual está enamorado. Al mismo tiempo llega una nueva empleada (Margaret Sullavan) a la tienda que le hará perder los nervios por su aptitud y personalidad. Y finalmente tenemos al dueño, Mr. Matuschek (Frank Morgan), quien si en un principio trataba a Kralik como a un hijo, ahora recela de él por razones desconocidas, por lo que la situación entre ambos se irá deteriorando hasta que el primero despida al joven vendedor la misma noche que va a conocer finalmente a la mujer con la que se carteaba, quien resultará ser...
Basada en Parfumerie del escritor húngaro Miklós László, Lubitsch se permite adaptar la trama original para dotarla de su propia visión a la hora de contar historias al espectador (algo que pocos han sabido hacer mejor que él). Mas la cinta carece de auténticos momentos de brillantez cómica, como por ejemplo en Ser o no ser. Si bien nos encontramos ante un claro ejemplo de Screwball Comedy, poseedora del famoso toque Lubitsch, lo que se traduce en una elegancia constante a la hora de contar la historia, mostrar un sin fin de detalles que pueden pasar desapercibidos ante el espectador, y una exquisita dirección de actores, El bazar de la sorpresa podrá pasar a forma parte de la memoria colectiva de cinéfilos de todo el mundo por su historia romántica, la originalidad del enredo de esta, y el propio Lubitsch, pero poco más. Una película de gran importancia histórica para el cine, pero que a día de hoy no ofrece lo mismo que hizo en su momento. Esto le ha hecho perder peso en comparación con otras cintas del director de Remordimiento, pero no por ello queda relegada a un segundo lugar. Hemos de seguir considerándola como una muy buena película, pero no de las mejores de Lubitsch.
Un romance con toques románticos simpáticos y que gustará a todo tipo de espectadores, aunque tampoco suscitará ni un aluvión de carcajadas ni de admiración. Sólo respeto. Respeto ante el genio y figura de Ernst Lubitsch, uno de los mejores directores de la historia del cine. Ni más, ni menos.

Obviando la impresión general que recibimos de la cinta, podemos analizar otras detalles que no hacen más que replantearnos la calidad de la misma. Y sin duda el mejor es el reparto y la dirección de actores de Lubitsch. La pareja protagonista (Sullavan-Stewart) dotan de un gran realismo cada escena que comparten o no, al encontrarse en perfecta comunión con sus personajes. La buena relación entre ambos se debe principalmente a su larga amistad desde sus inicios en el teatro, y a que Sullavan estuvo casada con el mejor amigo de Jimmy Stewart, Henry Fonda. Lubtisch sabe aprovechar la química entre ambos aunque tampoco es que consiga crear a la pareja romántica más inolvidable del cine clásico, o de su filmografía. Aunque es en mi opinión Frank Morgan el gran protagonista de la historia. En un papel en el que habría encajado perfectamente Lionel Barrymore, Morgan da vida al señor Matuschek, dueño de la tienda y que empieza a desconfiar de Stewart, ante la creencia de que este se ve a escondidas con su mujer. Seguramente sea el papel más recordado de la fimografía de Morgan, y además el mejor de la película, siendo su escena final una de las más tiernas que jamás haya visto.



@solocineclasico

domingo, 11 de mayo de 2014

Películas - Años 40: Ser o no Ser (1942)

TO BE OR NOT TO BE (10/10)

-Hitler es vegetariano, y sin embargo, no siempre se atiene a su dieta. A veces se traga países enteros.

Lubitsch vivió buenos y malos momentos a lo largo de su carrera. Disfrutó principalmente del éxito de sus comedias, mas sin embargo, cuando se ponía algo más serio, no siempre triunfaba. Lo comentaba hace poco cuando hablaba de su película Remordimiento, un drama anti-bélico supone todo un punto y a parte en su filmografía, y que no funcionó tal y como se esperaba. Aunque, ¿qué pasa con Ser o no Ser? Es una comedia, eso no deja lugar a dudas, pero también es un drama satírico sobre el nazismo y más concretamente sobre la invasión a Polonia. Y la cosa no queda ahí. Lubitsch aprovecha para realizar un sentido homenaje y las distintas realidades que podemos vivir tanto dentro como fuera del escenario. La respuesta a la pregunta eterna ¿quién soy?, ¿que debo hacer?, es por eso que podemos catalogar de acertadísimo la elección del título de la obra, la cual hace referencia al famoso soliloquio de Hamlet, ser o no ser, donde su protagonista se hace estas mismas preguntas ante la complicada misión de matar a su tío, el asesino de su padre. Por estas razones, sería injusto catalogar este film simplemente como una comedia o una sátira. Es mucho más. Va muchos más lejos incluso que la afamada y celebrada El Gran Dictador, de Chaplin, magnífica cinta, pero con más tintes propagandísticos que otra cosa, pero oiga, los mejores jamás hechos, propagando por y para la humanidad.
Un grupo de actores polacos han de cancelar su próxima obra, "Gestapo", en la que ridiculizan a la Alemania nazi justo cuando Polonia es invadida por esta última. Mientras que continuan representando la obra maestra de Shakespeare, Hamlet, se encuentran ante la difícil situación de salvar a un grupo de la resistencia polaca infiltrándose en el cuartel general de la Gestapo, disfrazados de oficiales, e incluso como el mismísimo Hitler.
Basada, al igual que otra de las grandes obras maestras de Lubitsch, Ninotchka, en la otra obra del escritor hungaro Melchior Lengyel, Lubitsch vuelve a mostrar su maestría tanto tras las cámaras (alternando comedia y drama) como tras la máquina de escribir, ya que el mismo se encargó de la redacción del guión junto Edwin Justus Mayer, en un historia repleta de enredos, equívocos, engaños y meteduras de patas que hacen la delicia del espectador, carcajada tras carcajada, con seguramente el humor más cínico y brillante de todo el cine clásico junto a la gran comedia de Billy Wilder, Uno, Dos, Tres.
Desde el primer momento, Lubitsch pensó en Jack Benny para el papel principal de Joseph Tura. De hecho, escribió el guión imaginando el personaje con la cara de este. Sin embargo, para el papel femenino el estudio propuso a Miriam Hopkins, cuya carrera pendía de un hilo en aquel momento. Mas parecer ser que la actriz no encajó con el papel, por lo que acabaron optando por la esposa de Clark Gable, la celebre Carole Lombard, quien moriría unos pocos meses antes del estreno de la película en una accidente de avión mientras recorría el país para vender bonos de guerra. Para ambos fue la película más importante de sus carreras.
Y si a pesar de todo, hoy es considerada una obra maestra, no solo de la comedia, sino del cine en general, ¿por qué su fracaso en taquilla? Si bien gustó a la crítica, el público americano aún tenía reciente el ataque a Pearl Harbor (diciembre de 1941), por lo que el estreno (marzo de 1942) de una sátira sobre la guerra o la situación en Polonia no fue bien acogida. El público buscaba un tipo de cine más alentador, patriótico y propagandístico. 
Consiguió una única nominación para su brillante banda sonora, obra de Werner R. Heymann.

Podéis ver la Película Online Aquí:

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